Doy voz a mi poesía

Hoy doy voz a mi poesía y aquí os dejo el enlace por si queréis escucharlo.

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¿Será esta nuestra manera de existir?

Antes de rendirnos fuimos eternos” (I. Serrano)

 

Ahora siempre es abril en esta habitación.

Y llueve.

A las nueve.

A las siete.

A las cuatro.

 

Y al amanecer

despierto sobresaltada cuando escucho el eco de un murmullo.

Enciendo la luz y te busco,

pero no es tu voz

porque ya no eres tú,

porque ya no somos nosotros,

porque ya solo soy un pedazo de ti que no se recompone.

 

Ya no hay pisadas

ni recuerdos

ni palabras.

 

Silencio. Entre nosotros solo hay silencio.

¿Será nuestra manera de existir a partir de ahora?

Decir adiós es también un principio

Decir adiós es también un principio.

Despedirse es una forma de empezar.

Es saber desnudarnos de la piel

y abandonar aquella

falsa felicidad

temblorosa.

Guardaré durante un tiempo

la verdad de tus labios y

el sexo cargado de poesía.

Las dudas posesivas acecharán

a este cuerpo,

pero me iré alejando de ti

despacio

como una luz en el mar

que te atrapa

pero siempre desaparece.

Dejaré que todo ocurra y

que todo pase,

como pasa la lluvia por el cristal

de las ventanas.

Te aseguro

que existe un lugar donde podré

(tal vez podremos)

volver a ser felices.

No sé dónde ni cuándo,

pero la sensación será parecida

a la de ir descalza

pisando la arena de la playa.

BKK station

No necesito recorrer el mundo

para saber que te quiero

aquí

a mi lado.

Da igual Bangkok o Madrid

si echo de menos el olor de tu tabaco,

nuestras hipótesis absurdas

y aquellas miradas desnudas.

Que incluso las peleas me saben

ahora

menos amargas.

La falta de palabras,

la eterna inefabilidad

lo explica todo.

No fue perfecto, pero sí auténtico.

Pocas cosas reales quedan ya

en esta insoportable levedad.

Avísame cuando esos ojos

oscuros

dejen de ser dos agujeros negros.

No necesitas verme recorrer el mundo

para saber que te espero

aquí

allí

en cualquier parte.

No necesito recorrer el mundo

para saberlo.

1

Supongo que era una mañana como otra cualquiera y, como cualquier otro día, se había vuelto a acordar de ella. Tal vez leyó en el periódico un nombre parecido al suyo, pasó cerca del bar donde solían desayunar juntos, vio alguna matrícula que empezaba por H o simplemente apareció de repente por su cabeza sin previo aviso. Del modo que fuere, allí estaba, de nuevo, revolviendo sus pensamientos desde la distancia.

Era su primer verano sin ella y en San Sebastián el sol picaba más que nunca. Se preguntó cómo serían las cosas si hubiese aguantado un poco más, pero la llamada del móvil paralizó el pensamiento.

(…)

Había conocido a alguien en los últimos meses: una niña bien, con una cara bonita y buenos modales. Era inteligente, estaba terminando la carrera de Medicina. Era dulce y su sonrisa conseguía que él se olvidara de todo. Sin embargo, no tenía los ojos de océano de Natalia y cuando se quedaba solo no podía evitar ahogarse un poco en ellos todavía.

(…)

Descolgó el teléfono. Era Leticia. Llegaría más tarde a la cita porque debía terminar la presentación de su TFG cuanto antes.

-No te preocupes, maitia.

(…)

Otro pensamiento comenzó a rondarle, pero esta vez él fue más fuerte. Se dijo que la vida es solo para los valientes. No iba a perderse las cosas buenas que se le ponían por delante. No, esta vez no.

Se preparó la mochila: protección solar, una toalla y un libro. Tan poco bastaba para rozar la felicidad. Comenzó a caminar fijándose en los detalles de la ciudad, en sus aromas y sus gentes.

La soledad le sentaba bien. Llegó a la Concha y se sentó mirando al mar, escuchando atento cómo rompían las olas.

Y se repitió aquella frase.

– La vida es solo para los valientes.

Paz

Volveré con una piel más dorada, marcada por los abrazos del sol, algo inusual en un cuerpo que ha vivido encerrado en tantos inviernos.

Pareceré otra o tal vez la misma, pero tan solo yo sabré quién se oculta tras las palabras que se entremezclan con la arena y el sabor del mar.

Seguiré buscando la dulzura porque nunca he sabido vivir entre tanta sal. Y, aunque no vuelva a ningún lugar, siento que de algún modo regreso donde siempre quise estar.

El caos es especialista en seducir a mi equilibrio, pero hoy mi cuerpo me pide paz y se la voy a dar.

El tiempo es ahora

La verdad es que la calma es una forma de tempestad y el pensar en el futuro no deja de ser una especie de masoquismo. Por eso, lo único que me preocupa es el hoy, dejo lo demás para mi yo del futuro.

Así, me sigo mirando en reflejos que no me convienen, sigo perdiéndome en las laderas de los caminos más rectos porque no sé dónde voy, quizá ni siquiera sepa adónde quiero llegar. Y es por eso que nunca abrazo como abrazan los demás, por eso no beso como besan los demás, por eso no busco lo que buscan los demás. Por eso, no sé querer como quieren los demás. Pero todavía no he encontrado a nadie que viva este caos como lo vivo yo, que sienta y abrace la libertad como yo lo hago.

El tiempo es ahora y no soy de las que prefieren la felicidad a la seguridad porque nadie que no se arriesgue es feliz y nadie que no lo intente lo consigue. Esas son las normas para encontrarse a uno mismo, quien no se pierde alguna vez, no puede encontrarse.