Querer hacer cada cosa a mi medida

Es mi defecto este querer controlar la vida,

estudiar el diccionario para que desaparezcan las palabras desconocidas,

necesitar saber cuántos minutos pasarán hasta que vuelva a verte,

obsesionarme con qué tiempo hará mañana,

querer hacer cada cosa a mi medida.

 

Es un error este querer controlar la vida

porque no es más que una lucha constante,

una lucha que sé perdida.

 

Pero, ¿acaso puedo controlar la vida si no puedo controlar esta obsesión que me empuja a preguntarme el porqué de cada nota, de cada sílaba? ¿De qué me sirve entonces responder con suspiros a los días?

 

Es fácil la teoría, no tanto la práctica.

No es fácil cambiar y dejar de preocuparme por la lluvia que moja tus labios,

por preguntarme qué significarán tus silencios,

por necesitar saber cómo se formó el universo,

quién inventó tu nombre y el mío,

por los segundos que me abandonan,

por los castillos de arena,

por las copas de cristal,

por las motas de polvo,

por este poema,

por las letras,

por estos puntos suspensivos…

 

Es mi defecto este querer controlar la vida,

querer hacer cada cosa a mi medida

Historia de (des)amor

Ella no esperaba nada cuando él llegó.

Él llevaba esperando toda la vida.

 

Compartieron frías tardes de domingo, sesiones de cine y algún que otro café.

 

Todo era perfectamente sencillo.

……………………………………..

 

Ella temía que no fuera real.

Él no comprendía sus miedos.

 

La Tierra siguió rotando y algunas estrellas del universo se apagaron.

 

Todo era tremendamente confuso.

………………………………………

 

Ella siguió su camino.

Él la miró mientras se alejaba.

 

Las palabras fueron perdiendo significado.

 

Todo era demasiado complejo.

…………………………………….

 

Una casualidad buscada hizo que sus miradas se cruzaran y no pudieran evitar preguntarse qué ocurrió.

 

Ella sonreía recordando algunos momentos.

Él le reprochó no haber sonreído más a menudo.

Ella no comprendió la brusquedad de sus palabras.

 

Todo parecía paradójicamente irreal.

……………………………………………

 Mientras se separaban en direcciones opuestas, ambos se preguntaron en qué rincón habían podido perder tanto amor.

Todo era, ahora, nada.



 

Preguntas sin respuesta

Es difícil deshacerse del yo y declararse culpable ante el espejo. Mejor sonreír ante el objetivo de la cámara y esperar que pase la tormenta. Pero, entonces, en la clandestinidad de los amantes que no son ya más que borrosos recuerdos del pasado, apareces tú y me pregunto para qué sirve esta noche oscura, llena de sueños, si estoy sola y mi cuerpo lo componen barrancos de tristeza. Me pregunto para qué sirve tanto orgullo, tanto desconocimiento, tanto no-ser.

Me pregunto tantas cosas, pero tan pocas tienen respuesta…El tiempo se duerme y los segundos desaparecen.

La perpetuidad no fue más que un anhelo

No pudimos ser después de todo.

La perpetuidad no fue más que un anhelo.

Nada es eterno, ni tú ni yo ni esta tierra que hoy recoge nuestros pasos.

 

Recordaremos momentos fraguados de silencio,

de desdicha atormentada, de besos y pasiones invictas.

 

Porque te odio y te amo.

Porque te pierdo en el camino y te alcanzo en las noches de solitarias lunas de deseo.

 

Pasó el amor, quizá también la luna, entre nosotros y nos devoró los cuerpos.

 

Donde no existe

La imagen de la muerte me persigue.

Incluso en la niñez, donde no existe.

He soñado con el momento en que todo acaba,

con la destrucción,

con el fin del cuerpo y del alma.

Pero en vez de seguir durmiendo eternamente, me despierto.

Creo que a veces grito con el sudor recorriendo mi almohada.

Aunque la vida tiene fecha de caducidad

nadie sabe decirnos

ni cómo

ni dónde

ni cuándo.

Piso con cuidado en este mundo lleno de prisas

para que no nos encuentre.

No todavía.

Después de todo, no sé quién soy. A ratos se me olvida.

¿Cuál es el precio de la vida? ¿El de la muerte?

La imagen de la muerte me persigue.

Incluso en la niñez, donde no existe.