Aves sin nido

Somos aves sin nido,

no tenemos lugar al que regresar.

Tenemos unas alas preciosas

pero una inseguridad aplastante nos las corta.

No obstante, una vez emprendas el despegue

y sientas lo que es estar en las alturas,

desaparecerá el miedo.

O al menos, la aventura lo mitigará.

No somos de nada ni de nadie.

Solo aves en estaciones de paso

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Londres

Londres se dibuja misterioso

en la pupila de tus ojos

con la fuerza de un agujero negro

que todo lo atrapa.

Londres te busca en los espejos

de los charcos,

en la luz de cualquier escaparate.

Recuerda tu figura de mujer lasciva y caprichosa

perdiéndose entre la niebla.

Después,

vuelves a desvanecerte

igual que la lluvia en el trópico.

Ahora,

te desvaneces

como un espejismo en medio del desierto.

La ciudad me susurra que no eres

ya más

que la arena atrapada en los zapatos

tras un verano en la playa.

No eres

ya más

que la escarcha

a las orillas del Támesis

en un invierno frío.

Cada corazón guarda un secreto.

Cada misterio anhela revelarse.

Cada gota esconde una pizca de ternura.

Cada mirada entre nosotros es un “hoy es siempre todavía”.

Domingos

Hay domingos

que tienen la banda sonora

más amarga.

Te tumbas en la cama

y sientes cómo el mundo gira.

Y mientras,

tú te quedas quieto

esperando que alguien o algo

te salve de ti mismo.

Los domingos

son un boceto de sombras

que siempre traen un pasado

ingrávido

que va emergiendo.

Eras tú.

Tú y lo que trajiste a mi mundo.

Siempre me ofrecías lo imposible

como quien se dispone a comprar

un huracán

en un supermercado.

Solo tú podías conseguirlo.

Ahora

solo puedo soñar

contigo.

Y en esta atmósfera tan onírica

te conozco de nuevo,

te deseo más que nunca.

Volvemos a ser dos niños

que se encuentran y no se deben nada

pero se lo dan todo.

Tú me diste una visión

distinta

de mí misma.

Eras tú.

Eres tú.

Siempre has sido tú.

Vulnerabilidad

Me siento un individuo

desvalido e irresoluto sin ti.

Ya nada me completa.

Miro tu ventana desde lejos

pero no me atrevo a tirar piedras

porque ya no sé quién soy

ni quién eres.

Me siento como un mal Lazarillo

que no evoluciona,

que no se supera,

que todavía no conoce el significado de medrar.

Soy el contra-héroe

de las novelas contemporáneas.

Soy un alma que busca

encontrarse a través de los cuerpos.

Soy vulnerable a ti

aunque ya no te vea,

aunque ya no te toque.

Hoy se ponen de relieve

las limitaciones

las carencias

la vulnerabilidad

del hombre.

Ciclogénesis

Anoche soñé que la nieve ardía,

y yo era más que un simple mortal.

Soñé que de la fricción de nuestros cuerpos nacían semillas de amapolas y la cama se impregnaba con su olor.

Soñé que la nieve no era tan amarga como el futuro.

Pero esta ciclogénesis que es tu cuerpo, me zarandeó hasta que los ojos -perdidos en otra órbita- despertaron para mirarte.

Atrapado de nuevo en este cuerpo,

me sentí como un Robinsón en su isla.

Y decidí, como un mero espectador de mi vida, esperar a que el huracán tomara su rumbo hacia cualquier otro desencuentro planetario.