Deshojar margaritas

Ya no está de moda deshojar margaritas

ni enviar cartas con carmín y perfume.

 

Ya pocos se enamoran leyendo poesía.

Aunque, curiosamente,  tú estás presente en cada sinestesia.

Tienes el sabor de ese aroma.

 

No importa que el tiempo cambie,

sigues siendo primavera.

 

Cuando encuentro tu cuerpo siempre estoy sedienta.

Sabes que si te perdiera, te encontraría.

RECONSTRUIRME

Cuántas veces he pensado que no tiene sentido la vida,

que no entiendo el porqué de estar aquí, ahora.

 

Días como estos, en una confusa intensidad de sentimientos,

se acrecienta y propaga el dolor en cada rincón de esta habitación:

en la silla, en la pata del escritorio, en la bombilla fundida de la lamparilla de noche,

en el aire, en mí misma. En todo lo que me rodea.

 

Pero no reniego ya de mi naturaleza ni de mis elecciones

y me atrevo a contaros que he encontrado en el dolor

respuestas que me devuelven a mí misma y que me dejan encontrarme de nuevo con mi autenticidad perdida.

 

Ahora, rodeada de tanto caos,

ahora, rodeada de tanta incertidumbre,

trataré de reconstruirme.

Querer hacer cada cosa a mi medida

Es mi defecto este querer controlar la vida,

estudiar el diccionario para que desaparezcan las palabras desconocidas,

necesitar saber cuántos minutos pasarán hasta que vuelva a verte,

obsesionarme con qué tiempo hará mañana,

querer hacer cada cosa a mi medida.

 

Es un error este querer controlar la vida

porque no es más que una lucha constante,

una lucha que sé perdida.

 

Pero, ¿acaso puedo controlar la vida si no puedo controlar esta obsesión que me empuja a preguntarme el porqué de cada nota, de cada sílaba? ¿De qué me sirve entonces responder con suspiros a los días?

 

Es fácil la teoría, no tanto la práctica.

No es fácil cambiar y dejar de preocuparme por la lluvia que moja tus labios,

por preguntarme qué significarán tus silencios,

por necesitar saber cómo se formó el universo,

quién inventó tu nombre y el mío,

por los segundos que me abandonan,

por los castillos de arena,

por las copas de cristal,

por las motas de polvo,

por este poema,

por las letras,

por estos puntos suspensivos…

 

Es mi defecto este querer controlar la vida,

querer hacer cada cosa a mi medida

Donde todo sucede

Rompí las absurdas normas

que me mantenían separada de aquello que quería,

como quien desafía al tiempo en una comida de cumpleaños.

 

Y, así,

echándole un pulso al paso de los años, sabiendo de antemano

quién

iba a ganar la partida,

deseé que se detuvieran los segundos.

 

Una vez derrotada, recurrí a la Poesía –lugar donde todo sucede,

donde todo es posible-. Me dijo que podía quedarme,

si no permanecía callada.

Por eso escribo: Para quedarme siempre en ella,

buscándome en cada poema, encontrándote en cada letra.

Pinceladas en tu piel

Pongamos parches a nuestras heridas,

dejemos que la vida regenere nuestra piel,

supongamos que el rencor no puede atraparnos

porque somos más rápidos que él.

 

Besémonos esta noche que dibujas con tu risa y

escuchemos una de nuestras canciones,

bailando lento en un bar.

 

Déjame observarte otra vez, despacio,

como se hace con un cuadro de Monet,

buscando en su textura

todos los detalles que dejan sus pinceladas en tu piel.