Nadie ganará esta guerra

Nadie ganará esta guerra

porque cuando termine

no seremos más que una foto en blanco y negro.

Así que echa de menos lo que se fue si es necesario,

pero no te rompas porque eres más fuerte que las pompas de jabón.

Reinvéntate y, si hace falta, empieza de cero.

Porque a lo mejor a la vida solo hay que pintarle los labios de viernes

para que sonría con más ganas,

para que nos bese mejor y nos impregne de carmín.

A lo mejor la vida nunca nos da la espalda,

pero nos empeñamos en que todo se torne simple y diminuto.

A lo mejor la vida ya te está guiñando un ojo y,

lo único que tienes que hacer, es dejarte seducir por ella.

Nadie ganará esta guerra

porque cuando termine

no seremos más que una foto en blanco y negro.

Así que no luches contra tus recuerdos

y no te quedes a vivir en los silencios si no es conmigo.

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Sin valor

Sigue nevando dentro de mí y tú no puedes hacer nada.

Me siguen faltando las palabras,

me sigue faltando el valor para decirlo.

 

Nada me da tanto miedo como imaginar

que solo exististe en mi cabeza,

que tus palabras no fueron reales,

que mirarme a los ojos mientras hacíamos el amor no significó nada.

 

Me duele tu recuerdo.

Me duelen las palabras de amor hechas para corazones rotos.

Me duelen tus despedidas.

Me dueles tú.

 

Apareces de repente y me robas el sueño,

así como te llevaste tantas otras cosas contigo.

Me siento sola sin ti

y me pregunto si tú tampoco te cansarás de mirar nuestras fotos.

 

Sigo esperando que vengas a curarme las heridas,

pero nunca llegas.

Esta noche, entre la tentación de odiarte o seguir amándote,

elijo la poesía.

Otoño

Se hace eco la nostalgia del sol en los tejados

cuando la repentina brisa del otoño sobrecoge nuestros cuerpos.

 

De nuevo siento la inapetencia de seguir perteneciendo a un mundo

de seres inertes,

marionetas conducidas por el sentimiento de supervivencia.

Sobrevivir a cualquier precio.

 

El calor de tus labios cuando estamos a solas

se va evaporando, despacio, como la espuma.

Pronto se olvida el sudor de tantas noches.

 

El eterno temor de invocar al pasado sigue presente en tu rostro

como una enfermedad incurable.

Y yo, como si acabara de despertar de un sueño, no acierto a decir qué sucedió.

Buscaba algo, creí encontrarlo y cuando desperté me encontré sola.

Deshojar margaritas

Ya no está de moda deshojar margaritas

ni enviar cartas con carmín y perfume.

 

Ya pocos se enamoran leyendo poesía.

Aunque, curiosamente,  tú estás presente en cada sinestesia.

Tienes el sabor de ese aroma.

 

No importa que el tiempo cambie,

sigues siendo primavera.

 

Cuando encuentro tu cuerpo siempre estoy sedienta.

Sabes que si te perdiera, te encontraría.

RECONSTRUIRME

Cuántas veces he pensado que no tiene sentido la vida,

que no entiendo el porqué de estar aquí, ahora.

 

Días como estos, en una confusa intensidad de sentimientos,

se acrecienta y propaga el dolor en cada rincón de esta habitación:

en la silla, en la pata del escritorio, en la bombilla fundida de la lamparilla de noche,

en el aire, en mí misma. En todo lo que me rodea.

 

Pero no reniego ya de mi naturaleza ni de mis elecciones

y me atrevo a contaros que he encontrado en el dolor

respuestas que me devuelven a mí misma y que me dejan encontrarme de nuevo con mi autenticidad perdida.

 

Ahora, rodeada de tanto caos,

ahora, rodeada de tanta incertidumbre,

trataré de reconstruirme.