Rumor de clemencia

Me pregunto cuánto tiempo llevamos aquí,

destruyendo un planeta que ni siquiera nos pertenece,

como un amor irreparable.

 

Un dudoso cansancio nos deja vivir

mirando siempre hacia otro lado, como si nos pesaran las pestañas.

 

Pero en ti obstina un rumor de clemencia.

Lo sé por tu mirada.

Es más que un pálpito, más que un augurio.

Simplemente lo sé.

Sin conocernos, sin haber cruzado una palabra.

 

La vida no nos regala ya más que una imagen inconexa,

llena de gritos abstractos.

Aunque es fácil encontrar en ella tu boca y tocar tus labios,

mientras me pregunto si toda la vida hemos estado aquí.

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Donde todo sucede

Rompí las absurdas normas

que me mantenían separada de aquello que quería,

como quien desafía al tiempo en una comida de cumpleaños.

 

Y, así,

echándole un pulso al paso de los años, sabiendo de antemano

quién

iba a ganar la partida,

deseé que se detuvieran los segundos.

 

Una vez derrotada, recurrí a la Poesía –lugar donde todo sucede,

donde todo es posible-. Me dijo que podía quedarme,

si no permanecía callada.

Por eso escribo: Para quedarme siempre en ella,

buscándome en cada poema, encontrándote en cada letra.

Pinceladas en tu piel

Pongamos parches a nuestras heridas,

dejemos que la vida regenere nuestra piel,

supongamos que el rencor no puede atraparnos

porque somos más rápidos que él.

 

Besémonos esta noche que dibujas con tu risa y

escuchemos una de nuestras canciones,

bailando lento en un bar.

 

Déjame observarte otra vez, despacio,

como se hace con un cuadro de Monet,

buscando en su textura

todos los detalles que dejan sus pinceladas en tu piel.