Huevos sin gallinas…

<<…y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina”.

Y el doctor responde: “¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?” Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”.

Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben?, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.>> (Annie Hall, 1977)

El mundo de lo caótico y lo ilógico aparece sobre todo cuando hablo de ti,

porque tú existes de un modo diferente a todo lo que he conocido hasta ahora.

Nuestra juventud es un tiempo de absolutos.

La voz en off, tan a lo Hollywood, reaparece incesante…

¿Realmente todo es una ilusión carente de sentido?

No hay respuestas. Las grandes preguntas nunca las han encontrado.

Hasta que la realidad estalle y nos desmorone, aquí estarás,

en esta casa sin cimientos donde vives desde hace tanto.

Y si todo se acelera y nos consume un agujero negro,

recuperaré las partículas más diminutas que puedas imaginar.

Reconstruiré este mundo alternativo,

porque solo necesito cerrar fuerte los ojos.

Si es mi mundo, qué más da que otros lo crean impostado.

¿Qué más da?

Qué más da que al final estemos más cerca de una mentira

que de una verdad abrupta.

Aunque me haga daño. ¿Qué más da?

Ni siquiera te conozco, pero ya te he creado a mi imagen y semejanza.

Retomando la cita anterior, dejo constancia de que no tengo ninguna respuesta con respecto a la irracionalidad de las relaciones y tal vez no la necesitemos siquiera. Las relaciones humanas son caóticas, ilógicas e incluso confusas en algunas ocasiones. Sí, se trata de algo inexplicable, pero que resulta inherente a nuestra condición: nos empeñamos en buscar huevos aunque no sepamos dónde está la gallina, basta con ser capaces de imaginarla. Basta con recordar las palabras de Víctor Borge, pues “la risa es la distancia más corta entre dos personas”.

La conclusión es que no nos cansamos de vivir de ilusiones, aunque a veces un poco de cordura nos recuerde que las cosas no aparecen de la nada. Si necesitamos los huevos, sigamos buscando. Aunque no haya gallinas, cosas más raras se han visto.

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