Donde no existe

La imagen de la muerte me persigue.

Incluso en la niñez, donde no existe.

He soñado con el momento en que todo acaba,

con la destrucción,

con el fin del cuerpo y del alma.

Pero en vez de seguir durmiendo eternamente, me despierto.

Creo que a veces grito con el sudor recorriendo mi almohada.

Aunque la vida tiene fecha de caducidad

nadie sabe decirnos

ni cómo

ni dónde

ni cuándo.

Piso con cuidado en este mundo lleno de prisas

para que no nos encuentre.

No todavía.

Después de todo, no sé quién soy. A ratos se me olvida.

¿Cuál es el precio de la vida? ¿El de la muerte?

La imagen de la muerte me persigue.

Incluso en la niñez, donde no existe.

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Una historia no tiene principio ni fin, tan solo puertas de entrada

Un libro está lleno de magia. Contiene historias llenas de palabras, sentimientos e imágenes que nos cautivan y terminamos haciendo nuestros, así como ellos se permiten llevarnos un poquito de cada uno de nosotros.

Como un viejo amigo me dijo: “una historia no tiene principio ni fin, tan solo puertas de entrada”. Tenemos suerte, entonces, si alguna vez nuestras historias nos permiten encontrar la puerta de salida y rescatarnos de nosotros mismos. Pero la realidad es que nunca están completas y pocas veces nos damos cuenta de que hay momentos que se congelan por un instante que nunca volverá.