Estación abandonada

A veces el corazón es como una estación abandonada. Todo se resume en pedazos que nadie recoge, que a nadie importan. Poco a poco se va deteriorando y es difícil seguir adelante sin algún apoyo, pues a nadie le interesa una estación en la que los trenes nunca se detienen, nunca esperan, nunca saludan. Sólo son un reflejo efímero que se difumina rápido ante cualquier mirada, ante cualquier pasajero.

RECONSTRUIRME

Cuántas veces he pensado que no tiene sentido la vida,

que no entiendo el porqué de estar aquí, ahora.

 

Días como estos, en una confusa intensidad de sentimientos,

se acrecienta y propaga el dolor en cada rincón de esta habitación:

en la silla, en la pata del escritorio, en la bombilla fundida de la lamparilla de noche,

en el aire, en mí misma. En todo lo que me rodea.

 

Pero no reniego ya de mi naturaleza ni de mis elecciones

y me atrevo a contaros que he encontrado en el dolor

respuestas que me devuelven a mí misma y que me dejan encontrarme de nuevo con mi autenticidad perdida.

 

Ahora, rodeada de tanto caos,

ahora, rodeada de tanta incertidumbre,

trataré de reconstruirme.

Historia de (des)amor

Ella no esperaba nada cuando él llegó.

Él llevaba esperando toda la vida.

 

Compartieron frías tardes de domingo, sesiones de cine y algún que otro café.

 

Todo era perfectamente sencillo.

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Ella temía que no fuera real.

Él no comprendía sus miedos.

 

La Tierra siguió rotando y algunas estrellas del universo se apagaron.

 

Todo era tremendamente confuso.

………………………………………

 

Ella siguió su camino.

Él la miró mientras se alejaba.

 

Las palabras fueron perdiendo significado.

 

Todo era demasiado complejo.

…………………………………….

 

Una casualidad buscada hizo que sus miradas se cruzaran y no pudieran evitar preguntarse qué ocurrió.

 

Ella sonreía recordando algunos momentos.

Él le reprochó no haber sonreído más a menudo.

Ella no comprendió la brusquedad de sus palabras.

 

Todo parecía paradójicamente irreal.

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 Mientras se separaban en direcciones opuestas, ambos se preguntaron en qué rincón habían podido perder tanto amor.

Todo era, ahora, nada.



 

Preguntas sin respuesta

Es difícil deshacerse del yo y declararse culpable ante el espejo. Mejor sonreír ante el objetivo de la cámara y esperar que pase la tormenta. Pero, entonces, en la clandestinidad de los amantes que no son ya más que borrosos recuerdos del pasado, apareces tú y me pregunto para qué sirve esta noche oscura, llena de sueños, si estoy sola y mi cuerpo lo componen barrancos de tristeza. Me pregunto para qué sirve tanto orgullo, tanto desconocimiento, tanto no-ser.

Me pregunto tantas cosas, pero tan pocas tienen respuesta…El tiempo se duerme y los segundos desaparecen.