Ciclogénesis

Anoche soñé que la nieve ardía,

y yo era más que un simple mortal.

Soñé que de la fricción de nuestros cuerpos nacían semillas de amapolas y la cama se impregnaba con su olor.

Soñé que la nieve no era tan amarga como el futuro.

Pero esta ciclogénesis que es tu cuerpo, me zarandeó hasta que los ojos -perdidos en otra órbita- despertaron para mirarte.

Atrapado de nuevo en este cuerpo,

me sentí como un Robinsón en su isla.

Y decidí, como un mero espectador de mi vida, esperar a que el huracán tomara su rumbo hacia cualquier otro desencuentro planetario.

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Quién sabe…

Quién sabe si tal vez, dentro de unos años, nos volvamos a encontrar caminando por este viejo pueblo,

cada uno inmerso en su mundo,

tan diferente del que vivimos o sentimos ahora.

Tal vez tú ya no tengas tanta prisa por salir corriendo.

Y tal vez yo no necesite darle tantas vueltas a las palabras y por fin me surjan solas.

Podría ser una conversación trivial, sin demasiados aderezos, pero en el fondo sentida. Sin falsedad.

Sé que nuestras sonrisas no serían fingidas.

Tú me confesarías que nunca pudiste dejar el tabaco,

yo reconocería que jamás dejé la manía de morderme las uñas.

Quizá entonces nos arrepentiríamos de cómo hicimos las cosas en el pasado, pero decirlo en voz alta seguiría sin ser nuestro estilo.

Seguiríamos fieles a la decisión tomada y los dos besos volverían a marcar otra despedida.

Quién sabe si sería entonces cuando descubriría que podía seguir viviendo sin ti y que, de hecho, ya me había acostumbrado a hacerlo.

Pero, sin embargo, a pesar de todo, preferiría seguir a tu lado.

Huevos sin gallinas…

<<…y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina”.

Y el doctor responde: “¿Pues por qué no lo mete en un manicomio?” Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”.

Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben?, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.>> (Annie Hall, 1977)

El mundo de lo caótico y lo ilógico aparece sobre todo cuando hablo de ti,

porque tú existes de un modo diferente a todo lo que he conocido hasta ahora.

Nuestra juventud es un tiempo de absolutos.

La voz en off, tan a lo Hollywood, reaparece incesante…

¿Realmente todo es una ilusión carente de sentido?

No hay respuestas. Las grandes preguntas nunca las han encontrado.

Hasta que la realidad estalle y nos desmorone, aquí estarás,

en esta casa sin cimientos donde vives desde hace tanto.

Y si todo se acelera y nos consume un agujero negro,

recuperaré las partículas más diminutas que puedas imaginar.

Reconstruiré este mundo alternativo,

porque solo necesito cerrar fuerte los ojos.

Si es mi mundo, qué más da que otros lo crean impostado.

¿Qué más da?

Qué más da que al final estemos más cerca de una mentira

que de una verdad abrupta.

Aunque me haga daño. ¿Qué más da?

Ni siquiera te conozco, pero ya te he creado a mi imagen y semejanza.

Retomando la cita anterior, dejo constancia de que no tengo ninguna respuesta con respecto a la irracionalidad de las relaciones y tal vez no la necesitemos siquiera. Las relaciones humanas son caóticas, ilógicas e incluso confusas en algunas ocasiones. Sí, se trata de algo inexplicable, pero que resulta inherente a nuestra condición: nos empeñamos en buscar huevos aunque no sepamos dónde está la gallina, basta con ser capaces de imaginarla. Basta con recordar las palabras de Víctor Borge, pues “la risa es la distancia más corta entre dos personas”.

La conclusión es que no nos cansamos de vivir de ilusiones, aunque a veces un poco de cordura nos recuerde que las cosas no aparecen de la nada. Si necesitamos los huevos, sigamos buscando. Aunque no haya gallinas, cosas más raras se han visto.

Nadie ganará esta guerra

Nadie ganará esta guerra

porque cuando termine

no seremos más que una foto en blanco y negro.

Así que echa de menos lo que se fue si es necesario,

pero no te rompas porque eres más fuerte que las pompas de jabón.

Reinvéntate y, si hace falta, empieza de cero.

Porque a lo mejor a la vida solo hay que pintarle los labios de viernes

para que sonría con más ganas,

para que nos bese mejor y nos impregne de carmín.

A lo mejor la vida nunca nos da la espalda,

pero nos empeñamos en que todo se torne simple y diminuto.

A lo mejor la vida ya te está guiñando un ojo y,

lo único que tienes que hacer, es dejarte seducir por ella.

Nadie ganará esta guerra

porque cuando termine

no seremos más que una foto en blanco y negro.

Así que no luches contra tus recuerdos

y no te quedes a vivir en los silencios si no es conmigo.

Podría decirte

Podría decirte en este poema cuánto vas a echarme de menos a partir de ahora.

Podría explicarte que no habrá cielo suficientemente azul que te consuele.

Podría decirte que quinientas noches no serán suficientes para olvidarme.

Podría decirte que cuando decidas volver, será tarde.

Podría decirte tantas cosas…

Pero no lo haré.

Porque cuando el amor se acaba, no vuelve.

Porque cuando estalla la tormenta, nadie puede detenerla. Y tú fuiste mi sol y mi lluvia, mis días claros y mis días grises.

No habrá canciones que hablen de ti y de mí en un taxi, de madrugada.

Sé que no recibiré tu llamada -con voz arrepentida-. Sé que no podré decirte que ya te he olvidado.

Seguiré siendo este pájaro que revolotea a tus espaldas, esperando que lo mires, acaso un breve instante.

Sé que no pensarás en mí esta noche.

Pero, ¿y si…?

¿Y si lo haces?

No, no nos engañemos. Sé que no. Pero qué bonito es imaginarse que sí tan solo un instante.

Madrid

Madrid se perdía en mis ojos esperando tu llegada,

y en Atocha, los transeúntes desaparecían dejando el aire cargado de recuerdos.

Yo te miraba y leía en tus ojos aquel laberinto confuso, casi interminable, de historias que nunca contarías.

El olor de castañas asadas impregnaba los portales, los escaparates y las avenidas.

Tú, Madrid y el primer deshielo.

Se acababa el otoño, las luces de Navidad se encendían y tenías las manos más frías que jamás he tocado.

Madrid sigue esperándote en esta aurora tan nuestra donde siempre es primavera.

Vuelve aquí como la primera vez, donde yo te espero, donde tus ojos pueden incendiarlo todo y devolver el calor a este invierno.