Deshojar margaritas

Ya no está de moda deshojar margaritas

ni enviar cartas con carmín y perfume.

 

Ya pocos se enamoran leyendo poesía.

Aunque, curiosamente,  tú estás presente en cada sinestesia.

Tienes el sabor de ese aroma.

 

No importa que el tiempo cambie,

sigues siendo primavera.

 

Cuando encuentro tu cuerpo siempre estoy sedienta.

Sabes que si te perdiera, te encontraría.

RECONSTRUIRME

Cuántas veces he pensado que no tiene sentido la vida,

que no entiendo el porqué de estar aquí, ahora.

 

Días como estos, en una confusa intensidad de sentimientos,

se acrecienta y propaga el dolor en cada rincón de esta habitación:

en la silla, en la pata del escritorio, en la bombilla fundida de la lamparilla de noche,

en el aire, en mí misma. En todo lo que me rodea.

 

Pero no reniego ya de mi naturaleza ni de mis elecciones

y me atrevo a contaros que he encontrado en el dolor

respuestas que me devuelven a mí misma y que me dejan encontrarme de nuevo con mi autenticidad perdida.

 

Ahora, rodeada de tanto caos,

ahora, rodeada de tanta incertidumbre,

trataré de reconstruirme.

Rosa, rosae

Y, otra vez, sin aviso previo ni cita concertada llegó otro 4 de abril, recordándoles un nuevo aniversario. Simplemente un número más en sus vidas que marcaba el paso de un año más juntos (y eso que ellos siempre fueron de letras).

Qué miedo daba echar la vista atrás y recordar momentos que habían dolido tanto; pero qué alentador al mismo tiempo haber superado juntos los baches de la vida.

Aunque eran jóvenes todavía, ya habían compartido casi la mitad de su existencia. Quién iba a decirles cuando se conocieron en una clase de latín, declinando rosa rosae lo que les depararía el futuro. Y quién iba a decirles que a pesar de quererse, odiarse, amarse, odiarse más, quererse a rabiar y dudar de todo, nunca podrían haber sido más felices de otra manera.

Historia de (des)amor

Ella no esperaba nada cuando él llegó.

Él llevaba esperando toda la vida.

 

Compartieron frías tardes de domingo, sesiones de cine y algún que otro café.

 

Todo era perfectamente sencillo.

……………………………………..

 

Ella temía que no fuera real.

Él no comprendía sus miedos.

 

La Tierra siguió rotando y algunas estrellas del universo se apagaron.

 

Todo era tremendamente confuso.

………………………………………

 

Ella siguió su camino.

Él la miró mientras se alejaba.

 

Las palabras fueron perdiendo significado.

 

Todo era demasiado complejo.

…………………………………….

 

Una casualidad buscada hizo que sus miradas se cruzaran y no pudieran evitar preguntarse qué ocurrió.

 

Ella sonreía recordando algunos momentos.

Él le reprochó no haber sonreído más a menudo.

Ella no comprendió la brusquedad de sus palabras.

 

Todo parecía paradójicamente irreal.

……………………………………………

 Mientras se separaban en direcciones opuestas, ambos se preguntaron en qué rincón habían podido perder tanto amor.

Todo era, ahora, nada.



 

La perpetuidad no fue más que un anhelo

No pudimos ser después de todo.

La perpetuidad no fue más que un anhelo.

Nada es eterno, ni tú ni yo ni esta tierra que hoy recoge nuestros pasos.

 

Recordaremos momentos fraguados de silencio,

de desdicha atormentada, de besos y pasiones invictas.

 

Porque te odio y te amo.

Porque te pierdo en el camino y te alcanzo en las noches de solitarias lunas de deseo.

 

Pasó el amor, quizá también la luna, entre nosotros y nos devoró los cuerpos.

 

Rumor de clemencia

Me pregunto cuánto tiempo llevamos aquí,

destruyendo un planeta que ni siquiera nos pertenece,

como un amor irreparable.

 

Un dudoso cansancio nos deja vivir

mirando siempre hacia otro lado, como si nos pesaran las pestañas.

 

Pero en ti obstina un rumor de clemencia.

Lo sé por tu mirada.

Es más que un pálpito, más que un augurio.

Simplemente lo sé.

Sin conocernos, sin haber cruzado una palabra.

 

La vida no nos regala ya más que una imagen inconexa,

llena de gritos abstractos.

Aunque es fácil encontrar en ella tu boca y tocar tus labios,

mientras me pregunto si toda la vida hemos estado aquí.