Un día menos, una noche más

No hay medicina concreta para acabar con el dolor, pero venga, me dicen, prueba con las pastillas de la felicidad, no pasa nada por tomártelas, no bebas y si notas grandes cambios en tu personalidad avisa a tus familiares cercanos porque podrías crecerte tanto en un momento determinado que podrían animarte al suicidio. Además me viene de familia. No pasa nada, no, gracias, doctor. Me está ayudando mucho. Saldremos de esta.

Por fin un día menos, pero una noche más entre sábanas revueltas, entre recuerdos, entre fantasmas que me empujan al vacío.

Me tomo las pastillas, mitigan un poco la angustia, pero nunca se termina, el nudo en la garganta permanece. Las pesadillas me persiguen con esa nueva imagen tuya, pero con tu voz, que sigue siendo idéntica. Sin embargo, ya nunca me rozas y no sé si tu piel me reconoce todavía.

Un ansiolítico, por favor.

Escucho una y otra vez esa canción que me recuerda a ti, aunque es una canción que nunca escuchamos juntos y, probablemente, ya no lo hagamos. Pero me recuerda a ti, como todas las cosas que hago o dejo de hacer últimamente.

Te sueño de nuevo, pero ya nunca te veo como antes. Sin embargo, te veo y parece tan real que la mañana se consume en la memoria de lo que fuimos. Ni siquiera en el mundo onírico las cosas son fáciles. Ni siquiera allí logro decirte lo que siento. Ya ni escribir es una opción.

Y yo solo quiero volver a empezar una vida que no sea esta. Una vida que no termine como va a terminar esta. No quiero sentir el desgarro y ver la caída de nuestros cuerpos mientras me escondo en una esquina. No quiero ser más yo. Quiero crecer valiente.

Si no puedo desaparecer, al menos quiero que mis actos me pertenezcan.

Sí, señor, eso quiero. No necesito su USB ni escribir una carta de despedida. Si no puede hacer otra cosa, sigamos con la medicación.

Otro ansiolítico, por favor. Gracias, esta noche dormiré mejor.

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BKK station

No necesito recorrer el mundo

para saber que te quiero

aquí

a mi lado.

Da igual Bangkok o Madrid

si echo de menos el olor de tu tabaco,

nuestras hipótesis absurdas

y aquellas miradas desnudas.

Que incluso las peleas me saben

ahora

menos amargas.

La falta de palabras,

la eterna inefabilidad

lo explica todo.

No fue perfecto, pero sí auténtico.

Pocas cosas reales quedan ya

en esta insoportable levedad.

Avísame cuando esos ojos

oscuros

dejen de ser dos agujeros negros.

No necesitas verme recorrer el mundo

para saber que te espero

aquí

allí

en cualquier parte.

No necesito recorrer el mundo

para saberlo.

El tiempo es ahora

La verdad es que la calma es una forma de tempestad y el pensar en el futuro no deja de ser una especie de masoquismo. Por eso, lo único que me preocupa es el hoy, dejo lo demás para mi yo del futuro.

Así, me sigo mirando en reflejos que no me convienen, sigo perdiéndome en las laderas de los caminos más rectos porque no sé dónde voy, quizá ni siquiera sepa adónde quiero llegar. Y es por eso que nunca abrazo como abrazan los demás, por eso no beso como besan los demás, por eso no busco lo que buscan los demás. Por eso, no sé querer como quieren los demás. Pero todavía no he encontrado a nadie que viva este caos como lo vivo yo, que sienta y abrace la libertad como yo lo hago.

El tiempo es ahora y no soy de las que prefieren la felicidad a la seguridad porque nadie que no se arriesgue es feliz y nadie que no lo intente lo consigue. Esas son las normas para encontrarse a uno mismo, quien no se pierde alguna vez, no puede encontrarse.

 

Londres

Londres se dibuja misterioso

en la pupila de tus ojos

con la fuerza de un agujero negro

que todo lo atrapa.

Londres te busca en los espejos

de los charcos,

en la luz de cualquier escaparate.

Recuerda tu figura de mujer lasciva y caprichosa

perdiéndose entre la niebla.

Después,

vuelves a desvanecerte

igual que la lluvia en el trópico.

Ahora,

te desvaneces

como un espejismo en medio del desierto.

La ciudad me susurra que no eres

ya más

que la arena atrapada en los zapatos

tras un verano en la playa.

No eres

ya más

que la escarcha

a las orillas del Támesis

en un invierno frío.

Cada corazón guarda un secreto.

Cada misterio anhela revelarse.

Cada gota esconde una pizca de ternura.

Cada mirada entre nosotros es un “hoy es siempre todavía”.

Eras tú.

Tú y lo que trajiste a mi mundo.

Siempre me ofrecías lo imposible

como quien se dispone a comprar

un huracán

en un supermercado.

Solo tú podías conseguirlo.

Ahora

solo puedo soñar

contigo.

Y en esta atmósfera tan onírica

te conozco de nuevo,

te deseo más que nunca.

Volvemos a ser dos niños

que se encuentran y no se deben nada

pero se lo dan todo.

Tú me diste una visión

distinta

de mí misma.

Eras tú.

Eres tú.

Siempre has sido tú.

Vulnerabilidad

Me siento un individuo

desvalido e irresoluto sin ti.

Ya nada me completa.

Miro tu ventana desde lejos

pero no me atrevo a tirar piedras

porque ya no sé quién soy

ni quién eres.

Me siento como un mal Lazarillo

que no evoluciona,

que no se supera,

que todavía no conoce el significado de medrar.

Soy el contra-héroe

de las novelas contemporáneas.

Soy un alma que busca

encontrarse a través de los cuerpos.

Soy vulnerable a ti

aunque ya no te vea,

aunque ya no te toque.

Hoy se ponen de relieve

las limitaciones

las carencias

la vulnerabilidad

del hombre.

Quién sabe…

Quién sabe si tal vez, dentro de unos años, nos volvamos a encontrar caminando por este viejo pueblo,

cada uno inmerso en su mundo,

tan diferente del que vivimos o sentimos ahora.

Tal vez tú ya no tengas tanta prisa por salir corriendo.

Y tal vez yo no necesite darle tantas vueltas a las palabras y por fin me surjan solas.

Podría ser una conversación trivial, sin demasiados aderezos, pero en el fondo sentida. Sin falsedad.

Sé que nuestras sonrisas no serían fingidas.

Tú me confesarías que nunca pudiste dejar el tabaco,

yo reconocería que jamás dejé la manía de morderme las uñas.

Quizá entonces nos arrepentiríamos de cómo hicimos las cosas en el pasado, pero decirlo en voz alta seguiría sin ser nuestro estilo.

Seguiríamos fieles a la decisión tomada y los dos besos volverían a marcar otra despedida.

Quién sabe si sería entonces cuando descubriría que podía seguir viviendo sin ti y que, de hecho, ya me había acostumbrado a hacerlo.

Pero, sin embargo, a pesar de todo, preferiría seguir a tu lado.