(in)Finito

El tiempo gira a punto de ser

siempre vida.

Un tiempo tembloroso, que es

luz y penumbra,

cal y arena.

Un tiempo donde se clavan nuestras huellas en las playas de agosto y en las nubes de enero.

Siempre al filo de la finitud de nuestro mundo, en el que comenzamos a andar una noche sin memoria.

Una noche luminosa, semejante a la eternidad, a lo perpetuo,

al incomprensible infinito del sol,

que contempla el despertar del alba empañada de oscuridad.

Ayer. Hoy. Mañana.

RECONSTRUIRME

Cuántas veces he pensado que no tiene sentido la vida,

que no entiendo el porqué de estar aquí, ahora.

 

Días como estos, en una confusa intensidad de sentimientos,

se acrecienta y propaga el dolor en cada rincón de esta habitación:

en la silla, en la pata del escritorio, en la bombilla fundida de la lamparilla de noche,

en el aire, en mí misma. En todo lo que me rodea.

 

Pero no reniego ya de mi naturaleza ni de mis elecciones

y me atrevo a contaros que he encontrado en el dolor

respuestas que me devuelven a mí misma y que me dejan encontrarme de nuevo con mi autenticidad perdida.

 

Ahora, rodeada de tanto caos,

ahora, rodeada de tanta incertidumbre,

trataré de reconstruirme.

Donde todo sucede

Rompí las absurdas normas

que me mantenían separada de aquello que quería,

como quien desafía al tiempo en una comida de cumpleaños.

 

Y, así,

echándole un pulso al paso de los años, sabiendo de antemano

quién

iba a ganar la partida,

deseé que se detuvieran los segundos.

 

Una vez derrotada, recurrí a la Poesía –lugar donde todo sucede,

donde todo es posible-. Me dijo que podía quedarme,

si no permanecía callada.

Por eso escribo: Para quedarme siempre en ella,

buscándome en cada poema, encontrándote en cada letra.