Libros olvidados

En ocasiones tratamos a los libros como a las personas, juzgándolos por su apariencia. Los dejamos pasar si no nos atrae la primera impresión.

 

A veces un obstinado o despistado lector deja pasar al libro de su vida, aquel que hubiera destacado en su estantería, posteriormente, entre todos los demás tan solo porque  su portada no era lo suficientemente comercial, porque la tapa estaba un poco desgastada, porque las primeras palabras no fueron demasiado atractivas o porque sus colores eran apagados o demasiado agresivos.

 

Sin embargo, sé que todavía somos muchos los que nos atrevemos a apostar por aquel libro desgastado de segunda mano, lleno de historias desconocidas, con dedicatorias que nos hacen soñar una vida distinta a la nuestra, una vida ajena y desconocida de alguien que tiene algo en común con nosotros aunque él no lo sepa. Recuerda que alguien tuvo ese mismo libro entre las manos y tal vez lo amó o lo detestó. No importa cuál fuera su sentimiento hacia él, sino el viaje que te permite imaginar qué pasó. ¿Acaso no es eso la literatura? ¿Acaso no debe interpretar cada lector, a su modo, cada palabra, cada fragmento, cada oración? Entonces, ¿por qué no soñar y dejarnos llevar también con una simple dedicatoria, con una simple página doblada, con un simple subrayado?

 

No rechacemos, pues, al libro por su ropaje raído. Démosle una oportunidad para que nos cuente qué sucedió.

 

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Creacionista

Con estas palabras doy comienzo a mi blog, el cual espero que forme parte de un proyecto que hace tiempo que tengo en mente, un proyecto que no necesite definiciones ni concreciones de ningún tipo, de modo que en él haya lugar para cualquier actividad, para cualquier temática y para cualquier deseo que anhele hacerse realidad.

Mi única pretensión sea, tal vez, en este momento, el desahogo personal, el placer de la escritura y el intento de crear. Simplemente eso: crear.

 

Que el verso sea como una llave

Que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando;

Cuanto miren los ojos creado sea,

Y el alma del oyente quede temblando.

  Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

El adjetivo, cuando no da vida, mata.

  Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,

Como recuerdo, en los museos;

Mas no por eso tenemos menos fuerza:

El vigor verdadero

Reside en la cabeza.

  Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!

Hacedla florecer en el poema ;

Sólo para nosotros

Viven todas las cosas bajo el Sol.

  El Poeta es un pequeño Dios.

(Vicente Huidobro)