Rosa, rosae

Y, otra vez, sin aviso previo ni cita concertada llegó otro 4 de abril, recordándoles un nuevo aniversario. Simplemente un número más en sus vidas que marcaba el paso de un año más juntos (y eso que ellos siempre fueron de letras).

Qué miedo daba echar la vista atrás y recordar momentos que habían dolido tanto; pero qué alentador al mismo tiempo haber superado juntos los baches de la vida.

Aunque eran jóvenes todavía, ya habían compartido casi la mitad de su existencia. Quién iba a decirles cuando se conocieron en una clase de latín, declinando rosa rosae lo que les depararía el futuro. Y quién iba a decirles que a pesar de quererse, odiarse, amarse, odiarse más, quererse a rabiar y dudar de todo, nunca podrían haber sido más felices de otra manera.

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